El erotismo es una de las bases del conocimiento de uno mismo, tan indispensable como la poesía.

Anaïs Nin.

Hoy, la mañana siguiente

 

Ese amanecer verdoso en el que convergen los recuerdos y el corazón resiente la herida menguada por el sueño.

Hoy desperté aturdida, algo había cambiado para siempre. Lo supe enseguida, sin necesidad de la lucidez que luego me atropellaría con fragmentos de noche y verdad.

Éste era el final del túnel, la guarida del lobo destruida, al fin.

Desperté entre los escombros invisibles de lo que fuera mi corazón furioso. Todo había caído: el deseo, la memoria, mis piernas, su voz.

De frente me dio la realidad tanto tiempo disfrazada. Mi corazón estaba roto al pie de mi cama y

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Te invito

 

Cargo con muchos silogismos, cajetillas vacías, recortes de diarios y pedazos de canciones que me cuesta recordar.

Voy caminando por no correr – no me gusta correr, mi tobillo derecho se resiente demasiado-. Voy caminando, a pequeños pasos, mirando constantemente atrás. A veces caigo en la manía, las más, en eso que llaman depresión. Voy de aquí para allá, de allá para aquí. Al final, no sé dónde carajo voy, pero me gusta ir. Mientras camino comienza mi soundtrack, como bailarinas de teatro de provincia, pasan las canciones. Las hay oscuras y desgarradoras, las siguen suaves cadencias que se quisieran

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La ciudad donde existimos

 

 

Las sangres se mezclan allí donde te encuentro. En esa ciudad en donde existimos y no somos nosotros.

Allí todo confluye: el último sonido del mundo, la mirada detenida en el frenesí de la estación de tren, el primer beso a los ocho años, el padre que no regresó.

La ciudad que nos conoció se encogió de hombros en tu chaqueta de cotelé y olvidó apagar la luz.

El fotógrafo de la Plaza de Armas no estuvo para hacernos un recuerdo ni siquiera la gitana de la feria llegó para profetizarnos que seríamos polvo de estrellas.

La ciudad fue sólo

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La cama es una telaraña

Estoy segura que ese día te dije que te fueras. Me puedo ver parada en mitad de la calle, un sábado de madrugada, sacando tu lengua de mi garganta, sacudiéndome tus manos de mi cuerpo, empujándote hacia atrás.

Estoy segura que te pedí entre jadeos que desaparecieras de mi vida. Incluso recuerdo que te devolví todas tus palabras y todas tus mentiras. Ya no las quería yo.  ¿Qué puede querer una mujer de tu circo de artilugios, de tu trama de bifurcaciones y de tu olor a cuero? 

Yo estaba cansada de esperarte, de creer que la dejarías a ella.

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S Á C A M E L A P E N A

Sácame la pena pero sácamela bien. No pretendas que arrancar tres astillas es quitármela del cuerpo. Una palmadita en la espalda no bastará.

Yo te estoy hablando de mi pena, de la pantera que duerme al fondo de mi voz. Estoy pidiéndote que me la saques, que me la quites no que me la disfraces de reina.

Anda, quítamela. Yo no la aguanto más con su aliento caliente sobre oreja.

Dile que no estoy, que salí, que voy y vuelvo. Lo que quieras dile pero sácamela de adentro. 

Deseo desmemoriado

 

 

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Con la melena desparramada

sobre los hombros

volví

 

Regresaba tarde y desmemoriada

en los dedos cargaba todavía tu olor

y esa violencia apaciguada

detrás de mi oreja.

 

Me descalcé en la entrada

y en puntillas caminé

por el parqué recién encerado

como todos los viernes.

 

Mi madre nada supo de lo acontecido.

 

Con el pelo y las ganas

revueltas

me desvestí.

 

Desnuda en mi cama

 todavía olía a ti.

 

Me propuse no quitarte

no quitárteme

hacerte mío en la carne

la imaginaria

la que me llevo conmigo cada vez que te vas.

 

Así me dormí

un viernes de madrugada

deseosa

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La melena

 

 

Doy vuelta la melena recién lavada

y te encuentro.

Dudo un momento

no vaya a ser que te esté imaginando.

 

Pero ahí estás

detrás de todos mis colores

como resucitado de una neblina de jarabe.

 

Estás con tus ojos de pie

el fusil empuñado

y la cicatriz colgando de tu mejilla.

 

Vuelves de tus asedios lejanos

impregnado de muchachitas

y dulces agrios.

 

Tu cuerpo amenaza mis rodillas

que comienzan a temblar

sudorosas

como llorando una canción.

 

Tu voz abraza mi cuello

como una soga

y tira de él

al tiempo

que lanzas tus palabras

como dardos celosos.

 

Intento algún movimiento

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El que me destruya la vida ( editado)

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Todavía creo que lo voy a encontrar

a él,

el que me destruya la vida.

 

 

El imaginario

Mi potencia erótica y la comisura de mis labios

Toda su gravedad,

mis muslos calientes

Mi desesperación.

 

¿Vendrá?

Me despierto sobresaltada

en una cama mojada

sólo por mí.

 

El peso húmedo de su respiración

la que imagino

se vuelve contra mi cuello.

Podría morir ahí y entonces.

 

 

Él no ha venido todavía,

yo no he muerto de amor aún

pero un pálpito sincero en mi carne

me advierte de su existencia en esta tierra.

II.

 

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Volviste de tus excusas a saludarme

una tarde.

Me quitaste toda la sangre del cuerpo

y te fuiste prometiendo un nos vemos

Yo sólo pude toser

para atragantar ese llanto

que se me viene por entre las piernas

cuando te vas. 

Perversión

 

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Todos llegamos tarde al encuentro aquél.

Yo, por cierto, más tarde que el resto.

Encendimos todas las velas y todos los cigarrillos,

que fueran uno solo,

al unísono.

 

La noche ( todas) venía de ser un grito de entrañas,

una declaración de guerra al acopio de derrotas diarias.

Yo fui la segunda, pero estoy segura que más tarde

fui la última en abandonarlo.

 

 

Venía de regreso, de ese voy y vuelvo.

De ese viaje más largo de lo esperado,

del metro hostil de mi memoria.

Del kilómetro inmutable

del retraso y el desasosiego.

 

 

Venía con la melena desparramada,

blanca y

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Imprentalatina: antología poética. Hágase un favor y lea.

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Hay un sueño que nos está soñando

 

 

Refrán de los Kalahari Bushmen

Enigma de la deseosa, Gonzalo Rojas

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto 

de 32, exige lectura 

de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma, 

b) toda su piel liviana 

para los besos, c) mirada 

verde para desafiar el infortunio 

de las tormentas; 

                           no va a las casas 

ni tiene teléfono, acepta 

imantación por pensamiento. No es Venus; 

tiene la voracidad de Venus.

Toda historia es otra historia contada por alguien más

Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destuir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo [...]

[...] ¡Oh Diosa, hija de Zeus!: cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas.

 

Rapsodia I, La Odisea,

 Homero.

Un poco de mi amigo y amante el poeta Federico García Lorca

Tres ciudades


A Pilar Zubiaurre

Malagueña


La muerte
entra y sale
de la taberna.

Pasan caballos negros
y gente siniestra
por los hondos caminos
de la guitarra.

Y hay un olor a sal
y a sangre de hembra,
en los nardos febriles
de la marina.

La muerte
entra y sale
y sale y entra
la muerte
de la taberna.

 

Barrio de Córdoba

Tópico nocturno



En la casa se defienden
de las estrellas.
La noche se derrumba.
Dentro hay una niña muerta
con una rosa encarnada
oculta en la cabellera.
Seis ruiseñores la lloran
en la reja.

Las gentes van suspirando
con las guitarras abiertas.

En la casa se defienden
de las estrellas.
La noche se derrumba.
Dentro hay una niña muerta
con una rosa encarnada
oculta en la cabellera.
Seis ruiseñores la lloran
en la reja.

Las gentes van suspirando
con las guitarras abiertas.

 

Baile


La Carmen está bailando
por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces
buscando viejas espinas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Connaissance

Toute connaissance que n'a pas précédé une sensation m'est inutile.
André Gide

Courage

Le grand courage, c'est encore de tenir les yeux ouverts sur la lumière comme sur la mort.
Albert Camus

Ser mujer

"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis"

Anais Nin.

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Fragmento de Yerma, F.G.L

Los hombres tienen que gustar. Han de deshacernos las trenzas y darnos de beber agua en su misma boca. Así corre el mundo.

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Lo que el silencio de nuestra época tenía que decir

La cuestión que ahora se nos presenta es cómo, si vivimos en una época sin leyendas ni mitos que podamos considerar sublimes, si rechazamos toda exaltación en las relaciones puras, si nos negamos a vivir en lo abstracto, ¿cómo podemos entonces crear un arte sublime?

 

Barnett Newmann

Hombre fáustico

Mefistófeles: Nos encontramos ya en los límites de nuestro ingenio, allá donde la inteligencia del hombre se queda atrás. ¿Por qué te unes a nosotros, si no puedes seguir adelante? Quieres volar y no estás seguro frente al vértigo. Somos nosotros los que te impulsamos y no tú a nosotros.

 

Fausto, Goethe

Intermezzo

Espirítu ( Después de aparecer de repente):

Pata de araña y tripa de sapo, así como alas para el enano.

Sin duda, no hay animal pequeño.

Pero existe un breve poema.

 

 

 

Una pareja: A paso pequeño y saltos grandes, me llevas por el aire y por el rocío suave.

Es verdad que me haces subir mucho.

Pero nunca llegas a volar.

 

 

Fausto, Goethe

Dadá

Todos ustedes son los acusados, poneos de pie...

¿Qué hacen aquí, estacionados como ostras serias?...

El Dadá no siente nada, no es nada, nada, nada.

Es como vuestras esperanzas, nada.

Es como vuestro paraíso, nada.

Es como vuestros artistas, nada.

Es como vuestra religión, nada.

 

El Manifiesta Caníbal, Picabia

A Margarita Debayle - Rubén Darío-

Poema que me mi madre me leía para dormir, poema que ha marcado desde entonces mi vida. Poema que aún me recito por las noches para dormir.

Margarita está linda la mar, 
y el viento, 
lleva esencia sutil de azahar; 
yo siento 
en el alma una alondra cantar; 
tu acento: 
Margarita, te voy a contar 
un cuento: 

Esto era un rey que tenía 
un palacio de diamantes, 
una tienda hecha de día 
y un rebaño de elefantes, 
un kiosko de malaquita, 
un gran manto de tisú, 
y una gentil princesita, 
tan bonita, 
Margarita, 
tan bonita, como tú. 

Una tarde, la princesa 
vio una estrella aparecer; 
la princesa era traviesa 
y la quiso ir a coger. 

La quería para hacerla 
decorar un prendedor, 
con un verso y una perla 
y una pluma y una flor. 

Las princesas primorosas 
se parecen mucho a ti: 
cortan lirios, cortan rosas, 
cortan astros. Son así. 

Pues se fue la niña bella, 
bajo el cielo y sobre el mar, 
a cortar la blanca estrella 
que la hacía suspirar. 

Y siguió camino arriba, 
por la luna y más allá; 
más lo malo es que ella iba 
sin permiso de papá. 

Cuando estuvo ya de vuelta 
de los parques del Señor, 
se miraba toda envuelta 
en un dulce resplandor. 

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? 
te he buscado y no te hallé; 
y ¿qué tienes en el pecho 
que encendido se te ve?». 

La princesa no mentía. 
Y así, dijo la verdad: 
«Fui a cortar la estrella mía 
a la azul inmensidad». 

Y el rey clama: «¿No te he dicho 
que el azul no hay que cortar?. 
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... 
El Señor se va a enojar». 

Y ella dice: «No hubo intento; 
yo me fui no sé por qué. 
Por las olas por el viento 
fui a la estrella y la corté». 

Y el papá dice enojado: 
«Un castigo has de tener: 
vuelve al cielo y lo robado 
vas ahora a devolver». 

La princesa se entristece 
por su dulce flor de luz, 
cuando entonces aparece 
sonriendo el Buen Jesús. 

Y así dice: «En mis campiñas 
esa rosa le ofrecí; 
son mis flores de las niñas 
que al soñar piensan en mí». 

Viste el rey pompas brillantes, 
y luego hace desfilar 
cuatrocientos elefantes 
a la orilla de la mar. 

La princesita está bella, 
pues ya tiene el prendedor 
en que lucen, con la estrella, 
verso, perla, pluma y flor. 

* * * 

Margarita, está linda la mar, 
y el viento 
lleva esencia sutil de azahar: 
tu aliento. 

Ya que lejos de mí vas a estar, 
guarda, niña, un gentil pensamiento 
al que un día te quiso contar 
un cuento.

Imaginación

Amada imaginación, lo que más en ti es que jamás perdonas.

A. Breton, Primer Manifiesto Surrealista.