Hay un sueño que nos está soñando
Refrán de los Kalahari Bushmen
Se leeDEFINICIÓN DEL FANTASMA
¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres.
JAMES JOYCES
Ulysses ( 1921)
MAY GOULDING
La madre de Stephen, extenuada, rígidamente surge del suelo, leprosa y turbia, con una corona de marchitos azahares y un desgarrado velo de novia, la cara gastada y sin nariz, verde de moho sepulcral. El pelo es lacio, ralo. Fija en Stephen las huecas órbitas anilladas de azul y abre la boca desdentada, diciendo una silenciosa palabra.
LA MADRE
( Con la sonrisa sutil de la demencia de la muerte)
Yo fui la hermosa May Goulding. Estoy muerta.
JAMES JOYCES
Ulysses ( 1921)
Fantasmas SOLA Y SU ALMA
Una mujer está sentada sola en su casa. Sabe que no hay nadie más en el mundo: todos los otros seres han muerto. Golpean a la puerta.
THOMAS BAILEY ALDRICH
Works ( 1912)
ConnaissanceToute connaissance que n'a pas précédé une sensation m'est inutile. André Gide
CourageLe grand courage, c'est encore de tenir les yeux ouverts sur la lumière comme sur la mort. Albert Camus
Ser mujer"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis"
Anais Nin.
Para que navegues por aquí
No lo más leído pero lo más querido
- Algún efecto secundario del café
- Para no olvidarte
- No me ames
- Amada imaginación
- La otra versión de mí
- El olvido
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El otro día me dijiste que el día en que tú me empezaras a buscar yo me alejaría.
Me dio risa.
Pero ¿ no fue justamente porque tú me buscaste y yo respondí que pudimos tener la risible conversación del otro día?
No puedo parar de reírme. En una de ésas tienes razón. Y el día en que yo te deje de buscar porque eres tú, yo me voy a alejar.
No parece demasiado descabellado, de hecho, hace perfecto sentido. Qué risa.
Y es que soy tan caprichosa, cariño ( y eso lo sabes tan bien), que no sé qué (Leer más)
Macarenita está linda la mar me decía mi madre, disléxica aprendida. No sabía que era Margarita. O quizás sí, y sabía que cuando fuera Margarita leería a Desnos y cuando Macarenita a Darío.
La lectora de Desnos. Mujer terrible, enamorada del poeta.
De ése que tenía tantos nombres como mariposas y tantas palabras como exilios.
Lo conoció cuando aún era Macarenita y leía a Darío por las noches.
Él vivía entre Lisboa y Santiago. A veces leía el capítulo 7.
Él era poeta de cervecería y músico de cubrecamas.
Ella lectora que no leía, Macarenita que se creía Margarita.
La (Leer más)
Sentirse así de pequeña
Es cierto que no soy una gran persona, en ninguna de sus acepciones.
Es cierto que visto defectos y calzo imperfecciones.
Pero ¿es necesario hacerme sentir así de pequeña?
Una hormiga cabezona me mira desde las alturas,
Parece que se está riendo, no sé.
No alcanzo a distinguir la risa del llanto.
Si es que es ella la que ríe o soy yo la que llora.
Pasa una oruga que grita será mariposa
Yo voy con mi caparazón sobre los hombros
Esperando un rayito de sol.
Creo que soy un caracol pero sé que no seré (Leer más)
Epístola
Querido,
Está lloviendo. Ha llovido todo el día en nuestra esquina.
El otro día recibí no sin sorpresa y esa gota emoción tu epístola en mi buzón.
Llevaba muy impreso tu estilo, escuché tu voz mientras leí las pocas líneas que la conformaban.
Me invitabas a una de nuestra caminatas de antología, ésas que ya son toda una institución por aquí en el barrio.
He tardado en responderte, no por dejadez pero, querido, el tiempo sigue siendo un caprichoso. Y apenas tengo tiempo de ir y venir. Muchas veces quedo flotando en el limbo.
Pero no creas, no por (Leer más)
No tengo más palabras que las que cargo en mis bolsillos
Y no tengo más libertad que la que me da mi jaula
Pero me siento tan llena de lenguaje
Y me creo tan libre
No sé más de lo que sé
No tengo más luz que la que robo
Pero me sé tan luminosa
Me creo tan sabia
No soy más bella que mi muñeca de trapo
No tengo más encanto que mis pulseras
Pero, ay, me siento tan bella
Tan encantadora.
No soy más loca que la loca de los pájaros
Ni soy tan valiente como ella, la (Leer más)
Debería ir a estudiar, salir a caminar, dormir, algo. Pero no, necesito escribir.
Tengo como algo atragantado en los dedos y en la garganta.
Algo que necesita salir. Una suerte de expiación o exorcismo casero.
Tengo el pecho contraído, masco angustia.
Hoy quise llorar todo el día. Llorar porque era día, llorar porque era tarde, llorar. No sé. Llorar.
Hoy estuve constantemente atrasada aunque no llegué tarde a nada. Iba atrasada a algo. No sé. Tarde. Siempre un día después, naturalmente.
Hay algo, algo que no logro poner en versos ni sacarle brillo. Pulirlo para ser entendido.
Hoy he garabateado (Leer más)
Yo tengo muchos vientos, más que brújulas y más que años.
Tantos vientos como ciegos, y tantas lluvias como ellos.
Mis vientos son atroces.
Angustian en el pecho y tiemblan en la mandíbula.
Hablan de muchas cosas, vienen cargados de presagios y señuelos.
Advierten días venideros y traen días que ya no fueron.
Mis vientos son traicioneros.
Mi pequeña barquita ha naufragado en ellos tantas veces como yo me he perdido con ellos.
Tienen otro lenguaje, uno que apenas recuerdo.
Rugen mis desesperanzas y dejan caer mis juicios sobre el tejado.
Ahuyentan a los viajeros, son sirenas para todos los (Leer más)
Para equivocar el camino hay que equivocarlo dos veces antes
Una no basta para convencer a la carne
Dos no llegan a persuadir la esperanza.
Son tres veces las equivocadas.
Para que realmente equivoquemos el camino
Y dejemos la búsqueda.
El día que equivoqué el camino
No sabía que tendría que volver a hacerlo
Para hacerlo de una vez y para siempre.
Tarde, como siempre
Sólo un día después de su llegada
Llegó su sabiduría.
Equivocar el camino
Es aprender que callar es la mejor manera
De desandarlo
Que para desandarlo
Hay que haberlo caminado
Y que sólo en el (Leer más)
Hay muchas cosas que puedo perdonar.
¿Para qué hacerles un inventario?
Si total una vez perdonadas jamás existieron.
Propongo un inventario de las que valen, de las que no se perdona.
Ni ahora ni nunca.
Ni a otros muchos menos a mí.
Lo que no perdono ni me perdono.
Eso es lo que vale aquí.
Es por eso por lo que hoy brindo,
hoy que todas mis versiones huyeron con la lluvia.
Y estoy sólo yo o lo que queda de la versión que era.
Queridos extraños, todos ustedes,
los que como yo decidieron no perdonar y venirse aquí,
donde (Leer más)
Esto va a caer. Me lo dijo en la cama, justo antes del estrépito.
Porque íbamos a calcinarnos, eso estaba seguro.
Y yo veía su rostro con mis ojos hacia adentro, entre los vidrios y el orgullo.
Esto va a caer, mierda.
Y ya no importa si era el destino o algo mejor.
Grito su nombre en el fondo de la garganta, con las ganas desgarradas.
Para que vuelva, para que no me queme, para no enmudecer esa luz que se acerca.
Esto se va a caer, y nosotros también.
El calor va a volver, y sin dudas, para comernos (Leer más)
La vida es una trovadora de historias de amor. Y vivir la vida hacia atrás es hacer la colecta de todas esas palabras de amor que hemos entregado y recibido.
Las hay de todas las calañas y de todos los recuerdos.
Haciendo un inventario de ellas he intentado clasificarlas, ordenarlas en mi estantería bajo algún criterio de biblioteca.
Pero todas las palabras de amor son muchas y ningunas.
Sin sorpresa, porque seguramente siempre lo supe, descubrí que estaban vivas. Que sin importar cuánto tiempo llevaban recluidas en el laberinto del olvido, no se olvidaban.
Algunas vestían telarañas y otros olían (Leer más)
Me paro frente al espejo y le exijo explicaciones a mi reflejo.
¿Cómo mierda llegamos aquí?
¿Qué mierda nos pasó?
Pero claro, ella sonríe.
Era muda la muy hija de puta. Sonríe la muy putita.
Y yo que me creo muy distinta a ella le hablo.
¿Qué mierda nos pasó?
¡Puta! ¡Tú la muy puta!
¿Quién te dijo que podías enamorarte de otro?
¡Míralo! Aquí está, siente como un caballo desbocado.
Es mi puto corazón, puta come hombres.
Me tienes aquí con el corazón en la garganta.
¡Dime tú cuándo esto termina!
Cuándo este amor se acaba, cuándo mis ojos (Leer más)
Cuando éramos mejores nos decíamos amigos, hoy apenas nos saludamos en el pasillo.
Cuando yo aún era tuya, tú eras mío.
La vida nos encontró en un trapecio sin red, tomaste mi mano y me salvaste -ahí y entonces-.
Tú estabas esperando esa segunda oportunidad, yo buscaba la quinta, la sexta. ¿Cuál era?
Yo estaba sentada en la vereda. Yo que apenas me quedo, me siento. Tú pasaste con tus hilos y tus entuertos.
Entonces, te quise. Adivino tú también me quisiste. Y éramos mejores así.
Levantaste mi soledad en tus brazos y me cogiste bien fuerte del brazo, clavaste (Leer más)
Esta es otra versión, resultado de poesía y tijeras.
Le agradezco a Muni por su intervención, por su versión de contención del lenguaje.
Pequeña mariposa
¿vuelves a mí desde otros brazos
desde otro aliento?
ven entonces y no tiembles
voy a cantar y a escribir un verso en tus alas
¿Me hablarás de él para que pueda escribirlo
me contarás si has velado su sueño?
No dudes si eres oro o carne
eres hermosa así
frágil y definitiva en tus tristezas
quédate un instante aquí conmigo
y hagamos dibujos sobre papel de servilleta
me basta con saberte
como una incertidumbre (Leer más)

Yo era musa.
Tenía muchas ideas en alas de mariposa y vestía encajes de acero.
Buscaba poesía y cantaba otra canción.
Gozaba con los divertimientos pero más me gustaban los besos con sabor a noche.
Entendía muy poco del mundo y jugaba con el lenguaje como guirnaldas de papel.
Yo era musa, una extraña conjunción de estrépito y dolor.
Lloraba mucho, mentía un poco más.
Vivía en un trapecio pero no sabía volar. Prefería bailar.
Yo era musa y no lo sabía.
Me llamaba Calíope pero yo decía Artemisa.
Era disléxica crónica.
Un grito de samurái pero sin él.
El (Leer más)
Pequeña, que vuelves a mí desde otros brazos y otros alientos
Ven que te recojo, no tiembles más
Te voy a cantar una canción, rayar un verso en tus alas.
Mariposa que llegas,
Háblame de él.
Cuéntame cómo es cuando duerme,
Para que yo pueda escribirle un verso en tus alas.
Cariño, ya no dudes si eres oro o carne
Eres hermosa así,
Inmensamente frágil.
Quédate un ratito aquí tendida conmigo
Hagamos memorias, tejamos recuerdos.
No me digas lo que él te dijo,
No le hagas caso, yo no quiero saber.
Me basta con tenerte y contigo una duda con (Leer más)
El tiempo es un mentiroso, y de los buenos. Viene y teje redes invisibles, nos envuelve, traza caminos y olvida dejar migas de pan para recordarnos el camino de regreso. Apenas nos damos cuenta, los calendarios, los fuegos, las etapas se van quemando unos después de otros, sucesivamente ( o quizás no).
Te coronas entre rostros que el tiempo nombra, construyes fortalezas, vivencias, lazos. El tiempo nos hace a todos albañiles de muros. Muros de algodón o muros de verdad. La vida termina por cuajar en el muro que has alzado y todo se sucede con divina cadencia dentro de (Leer más)
No tienes perdón de Dios, te fuiste diciendo.
Como queriendo herirme con un conjuro ya muy gastado.
Pero no sabes aún que no quiero su perdón.
No, no me perdones.
No gastes dioses ni poetas en un perdón que no vendrá.
No me perdones
Mis maldiciones me las llevo conmigo
Y las pocas que te dejé,
No fue para que me las devolvieras.
No me perdones
Que no tengo perdón,
Ni tuyo, mucho menos mío.
No me perdones
Que mi lengua afilada quiso herirte
Y mis ojos no te buscaron después.
No, por favor, no intentes perdonarme
¿Para qué quieres (Leer más)
Ya lo ves, de aquella brasa cuyo ardor te calcinó, saciado, sólo quedó dispersa ceniza escasa. Muda inconstancia que abraza el aparente sentido del cuerpo obscuro y prohibido -o del tuyo en el espejo de la otra piel-. No me quejo de arder. Ni de haber ardido.
Severo Sarduy
Te bajaste en Bellas Artes,
yo que estaba al otro lado del andén
sólo pude seguirte con mirada mientras te alejabas.
Pero mi mirada pudo más que la muchedumbre y el retraso,
Porque te volteaste, sin esperar nada, hacia mí
Que al otro lado del andén, te miraba.
Me sonreíste, y eras tan lindo.
Te grité que me esperaras ahí, que ya venía, que ya llegaba.
No me quedé para ver qué me decías, arranqué a correr.
Al otro lado del andén, seguías tú.
Y me sonreías. Y eras tan lindo.
Te pregunté si me recordabas
Y como eras tan (Leer más)
Que todo el mundo habla de las segundas oportunidades, que se deben, se regalan, se venden, se negocian.
Que todos somos humanos y humano es errar, perdonar es divino. Pero que podríamos acordar una capitulación.
Que si de una guerra fría se tratare, todos podríamos instalar un teléfono rojo. Un deshielo y un discurso amablemente articulado.
Que los planes hacen aguas y la fraternidad es mejor abrazarla. Somos mejores hermanos.
Que el perdón alivia y el rencor nos ciega. Que corazón que no ve, corazón que no siente.
Pero que mejores corazones son los que ven y no les importa. (Leer más)
Hace cinco minutos...
Hace cinco minutos me volteé por si había quedado algo
Y hace cinco minutos no había nada
Porque nada había quedado
Pero hace cinco minutos cuando me volteé y no quedaba nada
Y ya me iba sin nada más que decir,
Te vi ahí.
No cinco minutos hacia atrás,
Quizás cinco minutos hacia adelante.
Hace cinco minutos me conté que este otoño sabe a primavera quinceañera
Y en esos cinco minutos el viento caprichoso
Me dijo que nunca la primavera, por quince años que tuviera, podría colorear así las hojas.
Entonces otros cinco minutos pasaron para contarte (Leer más)
Hoy te escribo porque si tú no tuviste el coraje para dar la cara, la doy yo. Que si tu mejor aliado fue el silencio, el mío será el lenguaje.
No vale pena hacer aquí un recuento, ni siquiera un resumen por si alguien no entendió.
Lo único que vale es la bravura, y tú nunca la encontraste.
Que no basta -no, nunca bastó- quedarse para ver una relación funcionar. Que buenos tiempos he tenido muchos. Pero lo que realmente importa es quedarse cuando nada marcha, quedarse ahí, sobre todo entonces.
Que, querido, las relaciones humanan fallan, y ahí está (Leer más)
Y es ahora después del silencio,
Que vuelves pidiendo una oportunidad para hablar.
Y yo no puedo dártela.
A mí que ya no me dolía,
Que casi había olvidado tu ausencia y tu indiferencia no hablada,
Ha vuelto una luciérnaga a echar luz sobre lo que fue.
Pero no puedo escucharla,
No. El tiempo abrió su abanico de posibilidades,
Y tú no tomaste ninguna.
No soy yo quien, ahora, decida volver a sacar otro abanico,
Otras oportunidades,
No, ya no me corresponde.
Y puedes decir lo que tengas que decir o no decirlo
Ya no importa aquí.
No le importa (Leer más)
Para mañana serán otras palabras, no éstas, ni siquiera las que mañana diga. ¿Cómo esperas que las palabras sean las mismas una vez dichas?
No, son otras palabras. Siempre otras, y malditas ellas.
Las palabras que me diste y que jamás te devolví ya no son ellas. Las circunstancias, los relojes y todo lo que se nos ocurra se encargó de desprender tus palabras de ti, y ahora quizás también de mí.
Son otras las palabras que te debo hoy, si es que puedo deberte alguna. Las palabras de ayer parecen un cascarón vacío, maquilladas aún pero desprendiéndose de todo (Leer más)
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Los goces de este mundoAterradora idea de Juana, acerca del texto Per Speculum in Aenigmate: Los goces de este mundo serían los tormentos del infierno, vistos al revés, en un espejo.
LÉON BLOY
Le vieux de la Montagne ( 1909)
Lo que el silencio de nuestra época tenía que decirLa cuestión que ahora se nos presenta es cómo, si vivimos en una época sin leyendas ni mitos que podamos considerar sublimes, si rechazamos toda exaltación en las relaciones puras, si nos negamos a vivir en lo abstracto, ¿cómo podemos entonces crear un arte sublime?
Barnett Newmann
Hombre fáusticoMefistófeles: Nos encontramos ya en los límites de nuestro ingenio, allá donde la inteligencia del hombre se queda atrás. ¿Por qué te unes a nosotros, si no puedes seguir adelante? Quieres volar y no estás seguro frente al vértigo. Somos nosotros los que te impulsamos y no tú a nosotros.
Fausto, Goethe
IntermezzoEspirítu ( Después de aparecer de repente):
Pata de araña y tripa de sapo, así como alas para el enano.
Sin duda, no hay animal pequeño.
Pero existe un breve poema.
Una pareja: A paso pequeño y saltos grandes, me llevas por el aire y por el rocío suave.
Es verdad que me haces subir mucho.
Pero nunca llegas a volar.
Fausto, Goethe
DadáTodos ustedes son los acusados, poneos de pie...
¿Qué hacen aquí, estacionados como ostras serias?...
El Dadá no siente nada, no es nada, nada, nada.
Es como vuestras esperanzas, nada.
Es como vuestro paraíso, nada.
Es como vuestros artistas, nada.
Es como vuestra religión, nada.
El Manifiesta Caníbal, Picabia
A Margarita Debayle - Rubén Darío- Poema que me mi madre me leia para dormir, poema que ha marcado desde entonces mi vida. Poema que aun me recito por las noches para dormir.
Margarita está linda la mar, y el viento, lleva esencia sutil de azahar; yo siento en el alma una alondra cantar; tu acento: Margarita, te voy a contar un cuento:
Esto era un rey que tenía un palacio de diamantes, una tienda hecha de día y un rebaño de elefantes, un kiosko de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesita, tan bonita, Margarita, tan bonita, como tú.
Una tarde, la princesa vio una estrella aparecer; la princesa era traviesa y la quiso ir a coger.
La quería para hacerla decorar un prendedor, con un verso y una perla y una pluma y una flor.
Las princesas primorosas se parecen mucho a ti: cortan lirios, cortan rosas, cortan astros. Son así.
Pues se fue la niña bella, bajo el cielo y sobre el mar, a cortar la blanca estrella que la hacía suspirar.
Y siguió camino arriba, por la luna y más allá; más lo malo es que ella iba sin permiso de papá.
Cuando estuvo ya de vuelta de los parques del Señor, se miraba toda envuelta en un dulce resplandor.
Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? te he buscado y no te hallé; y ¿qué tienes en el pecho que encendido se te ve?».
La princesa no mentía. Y así, dijo la verdad: «Fui a cortar la estrella mía a la azul inmensidad».
Y el rey clama: «¿No te he dicho que el azul no hay que cortar?. ¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... El Señor se va a enojar».
Y ella dice: «No hubo intento; yo me fui no sé por qué. Por las olas por el viento fui a la estrella y la corté».
Y el papá dice enojado: «Un castigo has de tener: vuelve al cielo y lo robado vas ahora a devolver».
La princesa se entristece por su dulce flor de luz, cuando entonces aparece sonriendo el Buen Jesús.
Y así dice: «En mis campiñas esa rosa le ofrecí; son mis flores de las niñas que al soñar piensan en mí».
Viste el rey pompas brillantes, y luego hace desfilar cuatrocientos elefantes a la orilla de la mar.
La princesita está bella, pues ya tiene el prendedor en que lucen, con la estrella, verso, perla, pluma y flor.
* * *
Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar: tu aliento.
Ya que lejos de mí vas a estar, guarda, niña, un gentil pensamiento al que un día te quiso contar un cuento.
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