- ¿Qué haces aquí?- me preguntó al verme llegar los ojos en el suelo.
- Vine a perderme- le respondí mientras dejaba mi equipaje junto al umbral.
- Hace tiempo que no me visitabas, la última vez te fuiste diciendo no sé que cosa, que no me necesitabas, que te enfermaba, que no ibas a volver.-
-Eso fue hace ya mucho tiempo. Los tiempos cambiaron-
- Así veo-
- Estoy cansada, había olvidado el camino. Tuve que recordar-
- Fuiste tú la del olvido.-
- Sí lo sé. En ese momento realmente creí no volvería. He luchado mucho tiempo en contra de este impulso. Pero ya no pude-
- ¿Realmente creíste podrías escaparte, cambiar?-
- Sí...-
-¡Pero niña! Ésta eres tú, estaba en ti, no podrías lucharlo-
- Ahora lo sé.-
- Ya sé que te duele. Niña, tu esencia duele pero no le huyas más, no me obligues a desarmar tu pobre armado de mentiras.-
- Quería... quería... quería ser distinta-
- ¿Para qué? Niña mía ¿por qué querías ser otra?-
- Porque pensaba que podía reír con lo que se ríe. Por un tiempo me sentí como el resto, y me gustaba. Nadie me miraba extraño, nadie conoció mis gritos ni mis angutias. Era como cualquier otra-
- Pero corazón, entiende que eres imperfecta así, imperfectos todos. Pero tu imperfección es perfecta así.-
- Quiero llorar-
- Llora, niña-
- No puedo, ya no sé cómo se hace. Ni siquiera puedo llorar. ¡Qué capricho!-
- ¡Basta ya! Ya estás aquí, el retorno se esfumó. Mirate al espejo, aprende a llorar, aprende a sufrir, aprende a ser tú.-
- No me gustan los espejos.-
- Y justamente por eso, anda y mirate una y otra vez. No regreses hasta que colmes tus ojos de ti.-
- ¡Me haces mal! ¡Me haces daño! ¡Te odio! ¡Me enfermas!- apenas podía respirar, la ira me consumía y entonces sentí una tremula lágrima asomarse. Callé.
Silencio.
Y de pronto, una tormenta de agua salada. Lloraba.
- ¡Estoy llorando!-
- Así veo, niña. Llora, que tienes mucho por lo cual llorar. Han sido años desde que abandonaste este cuarto oscuro, han sido años de máscaras. Las heridas están saladas, y van a arden. Llora, que tu dolor duele. Llora, que así eres tú. Yo te dejo aquí. Es tu llanto, yo que me he quedado, he llorado un poco todos los días. Tú lo tienes todo encima. Llámame cuando escampe. Voy a estar junto al fuego, llorando un poco, lo suficiente para no ahogarme.-
Seguí llorando. Llorando para no llorar más.




-----------------
Método Cin
El llanto es la lluvia del alma.
saludos