La historia de aquella mujer...



Quería aún un segundo para abrir sus ojos, para negar lo evidente, para ser aquello que nadie pensaba sería.
Quería mostrarse sin máscaras ni armaduras, querían la vieran en la esencia más extrema, quizás esperaba de igual manera la quisieran.
Se supo mujer amante mucho antes de conocer las palabras y sus peligros. Y creyó entonces que el tránsito sería templado y seguro.
No sabía que el tiempo no creería en ella con ese fervor con el que se empecino en llenar sus venas.
Nada fue como esperado. Al final, se dice, nada nunca lo es.
¿Por qué esperar aquello que el mundo es incapaz de darnos?
Pero esperó, pero creyó...
No sabía, no nunca supo...
Una noche cualquiera, en ese minuto impreciso y olvidado por todos, vio como sus sueños despertaban para sufrir de insomnio crónico.
El mundo era ese abismo del cual no podría escapar.
No sé si lo aceptó, no sé si entendió o si simplemente se negó.
"Tiene que haber algo más" Se obligó a creer.

Se hiso, por necesidad, una mujer en el desierto.
Mujer por vivir, un desierto por no ver.
Quería vivir y no ver.

Y así vivió, así creyó vivir. Se coronó princesa de un castillo de arena y buscó refugio en la más alta torre. Esperaba acaso aún un príncipe aparecer. Nunca lo sabré.
Vanos fueron los años pero no cedió.

Cuando una mujer decide olvidar, el olvido es irreversible.
Olvidó.
Extirpó recuerdos, señales, esperanzas y en su lugar puso máscaras, imitaciones, ideales.
Nadie nunca le conocería.
Temía demasiado ser herida, una vez más.

Desnuda....

Desnuda de hojas en pleno verano, se encontró una noche tirada en mitad de la calle.
Alguien había de arrancar su armadura de cristal, ver su interior y marcharse.
Abrió los ojos a destiempo, se vio desnuda y contuvo la respiración. Se miró una vez más y esta vez gritó. Gritó con sonido sordo y desde sus entrañas. Nadie la escuchó.
Así la encontré, temblaba, tumbada en mitad de la calle.
Parecía un ángel caído, alguien había de llevarse sus alas.
Quise arroparla, arrancarle el frío de sus huesos pero como una fiera ella me alejó. Vi entonces el miedo en sus ojos bizarramente abiertos. Crisparon sus manos y de su boca vi nacer un demonio.
Rugía dolor y entonces sentí miedo.
Parecía sólo una niña y entendí que la mujer no es por su cuerpo pero por el dolor que en el retiene.
-Alejate, por favor, que vendrán por ti- me dijo, los labios escarlata y la voz deformada.
Intenté responder y me dio la espalda. Seguía en el suelo húmedo, como un feto en el liquido materno.
Se hiso sorda. Yo perdí la voz.

Así la abandoné, así la olvidé....

La mujer del desierto encontró alas en el cemento y supongo se alejó. Yo no la vi...

Me pasa de vez en cuando verla tumbada en el suelo y estremecerme ante la posibilidad de que aún está ahí, temblando.
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Calypso
dijo:
26/05/2008 a las 01:37 PM

heavy, la cagó, no se qué decir, a veces me he sentido asi mismo. De alguna manera me llegó a un lado donde no hay palabras. Sólo me hace sentir el frio de la calle, desnuda y perdida.

Genial, estremecedor.

Un abrazo,

Calypso

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Hay un sueño que nos está soñando

 

 

Refrán de los Kalahari Bushmen

Enigma de la deseosa, Gonzalo Rojas

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto 

de 32, exige lectura 

de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma, 

b) toda su piel liviana 

para los besos, c) mirada 

verde para desafiar el infortunio 

de las tormentas; 

                           no va a las casas 

ni tiene teléfono, acepta 

imantación por pensamiento. No es Venus; 

tiene la voracidad de Venus.

Toda historia es otra historia contada por alguien más

Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destuir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo [...]

[...] ¡Oh Diosa, hija de Zeus!: cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas.

 

Rapsodia I, La Odisea,

 Homero.

Un poco de mi amigo y amante el poeta Federico García Lorca

Tres ciudades


A Pilar Zubiaurre

Malagueña


La muerte
entra y sale
de la taberna.

Pasan caballos negros
y gente siniestra
por los hondos caminos
de la guitarra.

Y hay un olor a sal
y a sangre de hembra,
en los nardos febriles
de la marina.

La muerte
entra y sale
y sale y entra
la muerte
de la taberna.

 

Barrio de Córdoba

Tópico nocturno



En la casa se defienden
de las estrellas.
La noche se derrumba.
Dentro hay una niña muerta
con una rosa encarnada
oculta en la cabellera.
Seis ruiseñores la lloran
en la reja.

Las gentes van suspirando
con las guitarras abiertas.

En la casa se defienden
de las estrellas.
La noche se derrumba.
Dentro hay una niña muerta
con una rosa encarnada
oculta en la cabellera.
Seis ruiseñores la lloran
en la reja.

Las gentes van suspirando
con las guitarras abiertas.

 

Baile


La Carmen está bailando
por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces
buscando viejas espinas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Connaissance

Toute connaissance que n'a pas précédé une sensation m'est inutile.
André Gide

Courage

Le grand courage, c'est encore de tenir les yeux ouverts sur la lumière comme sur la mort.
Albert Camus

Ser mujer

"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis"

Anais Nin.

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Poema que me mi madre me leía para dormir, poema que ha marcado desde entonces mi vida. Poema que aún me recito por las noches para dormir.

Margarita está linda la mar, 
y el viento, 
lleva esencia sutil de azahar; 
yo siento 
en el alma una alondra cantar; 
tu acento: 
Margarita, te voy a contar 
un cuento: 

Esto era un rey que tenía 
un palacio de diamantes, 
una tienda hecha de día 
y un rebaño de elefantes, 
un kiosko de malaquita, 
un gran manto de tisú, 
y una gentil princesita, 
tan bonita, 
Margarita, 
tan bonita, como tú. 

Una tarde, la princesa 
vio una estrella aparecer; 
la princesa era traviesa 
y la quiso ir a coger. 

La quería para hacerla 
decorar un prendedor, 
con un verso y una perla 
y una pluma y una flor. 

Las princesas primorosas 
se parecen mucho a ti: 
cortan lirios, cortan rosas, 
cortan astros. Son así. 

Pues se fue la niña bella, 
bajo el cielo y sobre el mar, 
a cortar la blanca estrella 
que la hacía suspirar. 

Y siguió camino arriba, 
por la luna y más allá; 
más lo malo es que ella iba 
sin permiso de papá. 

Cuando estuvo ya de vuelta 
de los parques del Señor, 
se miraba toda envuelta 
en un dulce resplandor. 

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? 
te he buscado y no te hallé; 
y ¿qué tienes en el pecho 
que encendido se te ve?». 

La princesa no mentía. 
Y así, dijo la verdad: 
«Fui a cortar la estrella mía 
a la azul inmensidad». 

Y el rey clama: «¿No te he dicho 
que el azul no hay que cortar?. 
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... 
El Señor se va a enojar». 

Y ella dice: «No hubo intento; 
yo me fui no sé por qué. 
Por las olas por el viento 
fui a la estrella y la corté». 

Y el papá dice enojado: 
«Un castigo has de tener: 
vuelve al cielo y lo robado 
vas ahora a devolver». 

La princesa se entristece 
por su dulce flor de luz, 
cuando entonces aparece 
sonriendo el Buen Jesús. 

Y así dice: «En mis campiñas 
esa rosa le ofrecí; 
son mis flores de las niñas 
que al soñar piensan en mí». 

Viste el rey pompas brillantes, 
y luego hace desfilar 
cuatrocientos elefantes 
a la orilla de la mar. 

La princesita está bella, 
pues ya tiene el prendedor 
en que lucen, con la estrella, 
verso, perla, pluma y flor. 

* * * 

Margarita, está linda la mar, 
y el viento 
lleva esencia sutil de azahar: 
tu aliento. 

Ya que lejos de mí vas a estar, 
guarda, niña, un gentil pensamiento 
al que un día te quiso contar 
un cuento.

Imaginación

Amada imaginación, lo que más en ti es que jamás perdonas.

A. Breton, Primer Manifiesto Surrealista.