Me dijeron


Si algún alguien dice conocer a un otro, dudaría.

Ni siquiera el pudo preever, advertirme sobre uno de los desenlaces posibles.

Y hoy tiempo después, miro y entiendo.


Me dijeron que así comenzaban las historias de amor. Yo les creí.


Que era él y era ella. Pues, dije que estaba bien. ¿Qué les iba a decir?


Y ahí estábamos, años después. Yo me iba diciéndole no sé que cosa, que estaba cansada, que las mentiras me hacían mal, que me dolía el cuerpo.


Él comenzaba a gritar, palabras envenenadas. Yo no le quería oír.


Era la misma habitación que nos había guardado y hechizado, años antes, cuando me dijeron que así comenzaban las historias de amor.


Yo aceleraba el paso en el estrecho pasillo, el mismo pasillo que me mostraste, años atrás.


Tú me seguías, los ojos desorbitados, ibas gritando, no sé que cosa, que no te amaba, que me odiabas, que me fuera.


Yo no te quería escuchar.


Pero era la misma voz, que años antes, me había susurrado palabras llenas de anhelos.


Yo escapaba. Tú no podías dejarme ir.


Quise correr y entonces sentí tus brazos cogerme por la cintura, como tantas veces lo habías hecho con una gracia ceremonial, instantes antes del amor.


Me empujaste contra tu pecho, los brazos tensos de cólera, me atrapaste cual pulpo rabioso.


Yo te gritaba, jadeaba palabras negras, lloraba con espasmo y entonces cedía.


Todo era caótico.


Tus gritos, mis gritos. Tu dolor, el mío. Tu corazón, mi cuerpo.


¿ Quién eras tú?
La penumbra te hacía parecer un monstruo bíblico. Sentí miedo.


Frente a frente, violentaste mis labios con los tuyos.


Pude sentir tu lengua pastosa forzar la mía, tus dientes querían arrancar de un mordisco mi labio inferior.


No cedías, querías comerme.


La garganta cerrada, no pude gritar.


Los brazos anestesiados con los tuyos, no pude golpear.


Las piernas rendidas contra el piso, no pude correr.


De pronto, tus manos asperas comenzaron un viaje dantesco por entre mi blusa.


No eran caricias, eran rasguños, arañazos.


Conocías mi cuerpo y por tanto tiempo lo amaste, que no pude comprender que me hicieras daño.


Tomaste mi cara y me obligaste a mirarte, quise matarte con mis ojos.


Pero no eran tus ojos, no los pude reconocer.


No mirabas, las pupilas dilatadas, arrancabas trozos de tela.


Encontré fuerzas en mi abdomen y grité con voz desgarrada.


Entonces, silencio.


Frente a frente, te odié.


¿Quién eras tú?



Él y ella. Yo asentí. Me dijeron que el amor podía doler. Dije que estaba bien.


¿Qué les podía decir?


Seguramente dolería.

 

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dr_maracame
dijo:
27/05/2008 a las 11:18 PM

Escribes a flor de piel... tus palabras están llenas de sentido... es un gusto leerte... gratzie...  

Felipe
dijo:
28/05/2008 a las 12:05 AM

es súper intenso. un viaje. y eso que últimamete leo repoco

Catalizando
dijo:
06/07/2008 a las 08:41 PM

triste e intenso...me gusto mucho...refleja mucho la actitud kamikaze que muchos toman ante el amor, y que yo tambíen tomé alguna vez, cuando no sabía....el miedo, la obsesión, el desengaño...

besos de hada y cariños.

-----------------
...No necesitamos comprarnos el cielo para vivir en el...

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Imprentalatina: antología poética. Hágase un favor y lea.

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Hay un sueño que nos está soñando

 

 

Refrán de los Kalahari Bushmen

Enigma de la deseosa, Gonzalo Rojas

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto 

de 32, exige lectura 

de Ovidio, ofrece: a) dos pechos de paloma, 

b) toda su piel liviana 

para los besos, c) mirada 

verde para desafiar el infortunio 

de las tormentas; 

                           no va a las casas 

ni tiene teléfono, acepta 

imantación por pensamiento. No es Venus; 

tiene la voracidad de Venus.

Toda historia es otra historia contada por alguien más

Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destuir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo [...]

[...] ¡Oh Diosa, hija de Zeus!: cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas.

 

Rapsodia I, La Odisea,

 Homero.

Un poco de mi amigo y amante el poeta Federico García Lorca

Tres ciudades


A Pilar Zubiaurre

Malagueña


La muerte
entra y sale
de la taberna.

Pasan caballos negros
y gente siniestra
por los hondos caminos
de la guitarra.

Y hay un olor a sal
y a sangre de hembra,
en los nardos febriles
de la marina.

La muerte
entra y sale
y sale y entra
la muerte
de la taberna.

 

Barrio de Córdoba

Tópico nocturno



En la casa se defienden
de las estrellas.
La noche se derrumba.
Dentro hay una niña muerta
con una rosa encarnada
oculta en la cabellera.
Seis ruiseñores la lloran
en la reja.

Las gentes van suspirando
con las guitarras abiertas.

En la casa se defienden
de las estrellas.
La noche se derrumba.
Dentro hay una niña muerta
con una rosa encarnada
oculta en la cabellera.
Seis ruiseñores la lloran
en la reja.

Las gentes van suspirando
con las guitarras abiertas.

 

Baile


La Carmen está bailando
por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces
buscando viejas espinas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Connaissance

Toute connaissance que n'a pas précédé une sensation m'est inutile.
André Gide

Courage

Le grand courage, c'est encore de tenir les yeux ouverts sur la lumière comme sur la mort.
Albert Camus

Ser mujer

"Me niego a vivir en el mundo ordinario como una mujer ordinaria. A establecer relaciones ordinarias. Necesito el éxtasis"

Anais Nin.

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Los hombres tienen que gustar. Han de deshacernos las trenzas y darnos de beber agua en su misma boca. Así corre el mundo.

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Lo que el silencio de nuestra época tenía que decir

La cuestión que ahora se nos presenta es cómo, si vivimos en una época sin leyendas ni mitos que podamos considerar sublimes, si rechazamos toda exaltación en las relaciones puras, si nos negamos a vivir en lo abstracto, ¿cómo podemos entonces crear un arte sublime?

 

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Mefistófeles: Nos encontramos ya en los límites de nuestro ingenio, allá donde la inteligencia del hombre se queda atrás. ¿Por qué te unes a nosotros, si no puedes seguir adelante? Quieres volar y no estás seguro frente al vértigo. Somos nosotros los que te impulsamos y no tú a nosotros.

 

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Fausto, Goethe

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Todos ustedes son los acusados, poneos de pie...

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A Margarita Debayle - Rubén Darío-

Poema que me mi madre me leía para dormir, poema que ha marcado desde entonces mi vida. Poema que aún me recito por las noches para dormir.

Margarita está linda la mar, 
y el viento, 
lleva esencia sutil de azahar; 
yo siento 
en el alma una alondra cantar; 
tu acento: 
Margarita, te voy a contar 
un cuento: 

Esto era un rey que tenía 
un palacio de diamantes, 
una tienda hecha de día 
y un rebaño de elefantes, 
un kiosko de malaquita, 
un gran manto de tisú, 
y una gentil princesita, 
tan bonita, 
Margarita, 
tan bonita, como tú. 

Una tarde, la princesa 
vio una estrella aparecer; 
la princesa era traviesa 
y la quiso ir a coger. 

La quería para hacerla 
decorar un prendedor, 
con un verso y una perla 
y una pluma y una flor. 

Las princesas primorosas 
se parecen mucho a ti: 
cortan lirios, cortan rosas, 
cortan astros. Son así. 

Pues se fue la niña bella, 
bajo el cielo y sobre el mar, 
a cortar la blanca estrella 
que la hacía suspirar. 

Y siguió camino arriba, 
por la luna y más allá; 
más lo malo es que ella iba 
sin permiso de papá. 

Cuando estuvo ya de vuelta 
de los parques del Señor, 
se miraba toda envuelta 
en un dulce resplandor. 

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? 
te he buscado y no te hallé; 
y ¿qué tienes en el pecho 
que encendido se te ve?». 

La princesa no mentía. 
Y así, dijo la verdad: 
«Fui a cortar la estrella mía 
a la azul inmensidad». 

Y el rey clama: «¿No te he dicho 
que el azul no hay que cortar?. 
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... 
El Señor se va a enojar». 

Y ella dice: «No hubo intento; 
yo me fui no sé por qué. 
Por las olas por el viento 
fui a la estrella y la corté». 

Y el papá dice enojado: 
«Un castigo has de tener: 
vuelve al cielo y lo robado 
vas ahora a devolver». 

La princesa se entristece 
por su dulce flor de luz, 
cuando entonces aparece 
sonriendo el Buen Jesús. 

Y así dice: «En mis campiñas 
esa rosa le ofrecí; 
son mis flores de las niñas 
que al soñar piensan en mí». 

Viste el rey pompas brillantes, 
y luego hace desfilar 
cuatrocientos elefantes 
a la orilla de la mar. 

La princesita está bella, 
pues ya tiene el prendedor 
en que lucen, con la estrella, 
verso, perla, pluma y flor. 

* * * 

Margarita, está linda la mar, 
y el viento 
lleva esencia sutil de azahar: 
tu aliento. 

Ya que lejos de mí vas a estar, 
guarda, niña, un gentil pensamiento 
al que un día te quiso contar 
un cuento.

Imaginación

Amada imaginación, lo que más en ti es que jamás perdonas.

A. Breton, Primer Manifiesto Surrealista.