Él se marchó

 

 

 

Y así fue, él se marchó un día cualquiera e impreciso, quizás pensara yo que fue demasiado aprisa quizás fuese con tardanza, qué se yo. Fue así. Antes de destruir dijo las palabras inecesarias para calmar su culpa, para agudizar mi desconcierto, un vano intento por enmendar el daño.

Pero se fue igual, sí se fue, ya lo oyeron, me dejo una noche. Nunca entendí por qué, jamás acepté el cómo... él se fue.

¿Qué quieren que les diga? Más no sé, más no me explicó. Se marchó, ya ven, no está aquí y tampoco lo estarás.

¿Qué si lo amaba? Supongo que sí. Tampoco eso se.

¿Me dolió? Claro que sí y muchisimo pero fueron sólo unas semanas luego no sé por qué el dolor se perdió, quedo su recuerdo, un sabor amargo pero nada más.

Me recuperé. Y quizás es justamente eso lo que me ha traído a ustedes esta noche, lo que me ha llevado a contarles la historia.

Porque me dejaron y olvidé.

No fue dificil, el olvido es un arma de doble filo, no juegen nunca a olvidar, creanme. Sobrevivir al amor es en cierta medida declararle la guerra.

Y como les decía, él me dejo. Ya sé que ya lo he dicho pero es necesario repetirlo, colmarlo de eco, a ver si con gastar la verdad el dolor vuelve.

¿Quién sabe? Quizás hasta llore hoy. Me gustaría, sería perder una batalla que no quise ganar.

No quise olvidar, olvidé porque él se marchó y el olvido vino como una consecuencia lógica.

Él se marchó ¿ oyeron? Él se marchó...

Se fue diciendo no sé que cosa, que no me amaba, que estaba cansado, que se iba a vivir. Yo me quede en mi lado de la cama, los ojos cerrados, intentado conciliar el sueño.

Que si te quieres ir, vete.

Entonces abrí un ojo y lo vi. La figura esbelta y alargada, jamás la noche le había sentado mejor, llevaba el cabello algo desordenado pero iba implecablemente vestido. Pude sentir su perfume, aquel que yo le había comprado una tarde cualquiera cuando una de esas señoritas bien vestidas me asaltó con una gama indesifrable de aromas.

"Pero señorita, huela éste, le aseguro que a su novio le encantará" Mientras me ofrecía rápidamente una tirita de papel perfumada, para mi propio deleite nasal.

Ahí estaba yo, pobre mujer enamorada. Ja! Si tan sólo hubiese sabido que sería ese mismo olor el que impregnaría la noche en la que él se marchó.

No sé bien qué pude haberle dicho entre el sueño y la vigila, supongo que nada demasiado lógico pues se marchó igual y sin ningún asco. ¡Qué rápido es el adiós!

Recuerdo con esfuerzo la penumbra de la habitación, el alba clareaba en tonos verdosos tras las cortinas cerradas.

Unas horas atrás habíamos de hacer el amor por última vez, de haberlo sabido seguramente hubiese puesto más pasión en el acto mismo. Pero cómo saberlo. El final no se caracteriza precisamente por su predictibilidad, llega así y se va así. Apenas me dió tiempo para despertar.

La cama aún estaba tibia de su cuerpo, no había pasado más de media hora desde que él se encontraba como todas las madrugadas a mi lado. Pero media hora después lo veía alejarse para siempre de la cama, de mi vida, de un nosotros. El tiempo es un caprichoso y yo sin duda, una mimada.

Vi con el rabillo de mi ojo la maleta al pie de la cama. No sacié, no pude hacerlo, lo absoluto de ese momento. Era el final llano. No pude verlo. Somos todos ciegos, ciegos de sueño, ciegos de noche, ciegos de amor, ciegos de ignorancia, ciegos por autoimposición... ciegos. Yo no sería la excepción.

-Qué si quieres irte, vete. Pero apaga ya la luz, cierra la puerta y dejáme dormir-

- No entiendes, no voy a volver-

Él se marchó.

Creo que me volví a dormir apasible, escuché la puerta cerrandose trás de él y aspiré por última vez su aroma flotando en la sombra de su adiós.

Tuvo que llegar la media mañana para que yo pudiera entender lo acontencido. La luz era ya hiriente, las cortinas eran vanas y el sol cubría la habitación, la cama, mi rostro contra la almohada. Supe que tenía que despertar. De mala gana froté mis ojos y estiré mis extremidades, sin apuro.

No supe de inmediato que él ya no estaba, pensé sería un sueño, lo imaginé en algún lugar del apartamento, haciendo café, leyendo o viendo televisión.

Entonces, creyendo sin saber, lo llamé. Grité su nombre varias veces, desde la cama. Como aquella madrugada, no quisé abandonar la cama. Nadie respondió, ni al primer ni al quinto llamado. Ni a la alegría ni a la suplica. Nadie respondió jamás.

Así tuvé, de mala gana, que abandonar mi santuario de sábanas. Calzé las pantuflas y me arropé con una bata, recogí me cabello en una cola y arrastré mi cuerpo hasta la cocina. Un vistazo, no estaba. Luego, el living,nada. Él ya no estaba, él se marchó y yo no lo noté.

Olvidó algunos objetos vanos en su partida, yo también los olvidé junto al tacho de la basura. ¿Para qué quería yo las migajas de su existencia?

No iba yo a guardarlo en mi cajita junto a mis aros. Yo seguí, él se marchó.

De él no supe más, alguno que otro conocido me traía rumores, que se había casado, que se había muerto, que había dejado preñada a una menor, que era él uno de los involucrados en el asesinato de la semana pasada y así. En fin, de él perdí todo rastro. Pues claro, si se marchó no fue para volver a mi vida de la forma que fuera.

Supongo que él tampoco supo de mí, quizás le vinieron con el cuento de que me internaron en una clínica siquíatrica, que intenté suicidarme, que perdí la cabeza, que huí del país y así. Debió perderme todo rastro, claro, si se marchó no fue para saber de mí.

¿Vieron? Él se marchó y yo olvidé.

El amor es una droga, cuya adicción tiene fácil solución; el olvido.

Que si escribieron que es tan corto el amor y tan largo el olvido, diría, sin ofender a nadie, que esa medida del tiempo no tiene nada que ver con la realidad. Que aquellos que hacen del olvido una vida, seguramente jamás quisieron olvidar, y sólo dilatan ese momento irreversible cuando el olvido te come la lengua.

Yo fui más honesta; él se marchó y yo olvidé.

¿Qué más iba a hacer? ¿Quedarme llorando? ¿Para qué?

Las lágrimas no tienen elixir mágico capaz de retroceder el tiempo ¿por qué quieren creer lo contrario?

La boca ya se me seca, tanta historia, tanto pasado, alguien que me traiga una copa. Bueno, y ahora ya me ven aquí. El olvido no me sentó mal, tampoco bien, me sentó simplemente. Supongo que me calzó.

Él se marchó...

Y creo que yo también me marcharé ahora, la historia encontró o no un final, ustedes busquen esa respuesta, que yo ya me cansé. Y si alguien la encontrase, no dude en buscarme. Hasta entonces queridos, la noche ya nos perdió bastante.

...Ella se marchó.

 

 

 

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sin emociones
dijo:
28/05/2008 a las 11:31 PM

maca cada vez que te leo, me llega al corazon,uff, como expresas todo, con pasion, emociones, me hace olvidar, ojala el olvido llegue luego a mi vida, por que ella tambien ya se marcho, brotan lagrimas junto con palabras, ella se marcho.

-----------------
Diego Cajas, Estudiante de Derecho, Futuro Abogado & Consejero Amoroso.

http://diegocajas.bligoo.com

sin emociones
dijo:
29/05/2008 a las 11:33 PM

he leido una y otra vez tus escritos, y he concluido 2 cosas seguras, 1ero me encanta como expresas tus sentimientos en palabras, me llegan mucho, y 2do, tienes un talento natural, espero que sigas asi y que mas adelante en vez de leer tus trabajos en internet los pueda leer en un libro.

-----------------

Diego Cajas, Estudiante de Derecho, Futuro Abogado & Consejero Amoroso.

http://historiasdeamor.bligoo.com 

http://diegocajas.bligoo.com

PRISCY
PRISCY dijo:
15/09/2010 a las 11:57 AM

QUE LINDAS PALABRAS ME VIENEN CON LO QUE AHORA ESTOY VIVIENDO CON DOLOR PERO SI SE QUE AL PASAR DE LOS DIAS TENDRE QUE ASUMIR QUE SE MARCHO Y CUANDO LO ENTIENDA ME MARCHARE YO¡¡¡¡¡

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de 32, exige lectura 

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                           no va a las casas 

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tiene la voracidad de Venus.

Toda historia es otra historia contada por alguien más

Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destuir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo [...]

[...] ¡Oh Diosa, hija de Zeus!: cuéntanos aunque no sea más que una parte de tales cosas.

 

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Tres ciudades


A Pilar Zubiaurre

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La muerte
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de la taberna.

Pasan caballos negros
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de la guitarra.

Y hay un olor a sal
y a sangre de hembra,
en los nardos febriles
de la marina.

La muerte
entra y sale
y sale y entra
la muerte
de la taberna.

 

Barrio de Córdoba

Tópico nocturno



En la casa se defienden
de las estrellas.
La noche se derrumba.
Dentro hay una niña muerta
con una rosa encarnada
oculta en la cabellera.
Seis ruiseñores la lloran
en la reja.

Las gentes van suspirando
con las guitarras abiertas.

En la casa se defienden
de las estrellas.
La noche se derrumba.
Dentro hay una niña muerta
con una rosa encarnada
oculta en la cabellera.
Seis ruiseñores la lloran
en la reja.

Las gentes van suspirando
con las guitarras abiertas.

 

Baile


La Carmen está bailando
por las calles de Sevilla.
Tiene blancos los cabellos
y brillantes las pupilas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

En su cabeza se enrosca
una serpiente amarilla,
y va soñando en el baile
con galanes de otros días.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Las calles están desiertas
y en los fondos se adivinan,
corazones andaluces
buscando viejas espinas.

¡Niñas,
corred las cortinas!

Connaissance

Toute connaissance que n'a pas précédé une sensation m'est inutile.
André Gide

Courage

Le grand courage, c'est encore de tenir les yeux ouverts sur la lumière comme sur la mort.
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A Margarita Debayle - Rubén Darío-

Poema que me mi madre me leía para dormir, poema que ha marcado desde entonces mi vida. Poema que aún me recito por las noches para dormir.

Margarita está linda la mar, 
y el viento, 
lleva esencia sutil de azahar; 
yo siento 
en el alma una alondra cantar; 
tu acento: 
Margarita, te voy a contar 
un cuento: 

Esto era un rey que tenía 
un palacio de diamantes, 
una tienda hecha de día 
y un rebaño de elefantes, 
un kiosko de malaquita, 
un gran manto de tisú, 
y una gentil princesita, 
tan bonita, 
Margarita, 
tan bonita, como tú. 

Una tarde, la princesa 
vio una estrella aparecer; 
la princesa era traviesa 
y la quiso ir a coger. 

La quería para hacerla 
decorar un prendedor, 
con un verso y una perla 
y una pluma y una flor. 

Las princesas primorosas 
se parecen mucho a ti: 
cortan lirios, cortan rosas, 
cortan astros. Son así. 

Pues se fue la niña bella, 
bajo el cielo y sobre el mar, 
a cortar la blanca estrella 
que la hacía suspirar. 

Y siguió camino arriba, 
por la luna y más allá; 
más lo malo es que ella iba 
sin permiso de papá. 

Cuando estuvo ya de vuelta 
de los parques del Señor, 
se miraba toda envuelta 
en un dulce resplandor. 

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho? 
te he buscado y no te hallé; 
y ¿qué tienes en el pecho 
que encendido se te ve?». 

La princesa no mentía. 
Y así, dijo la verdad: 
«Fui a cortar la estrella mía 
a la azul inmensidad». 

Y el rey clama: «¿No te he dicho 
que el azul no hay que cortar?. 
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!... 
El Señor se va a enojar». 

Y ella dice: «No hubo intento; 
yo me fui no sé por qué. 
Por las olas por el viento 
fui a la estrella y la corté». 

Y el papá dice enojado: 
«Un castigo has de tener: 
vuelve al cielo y lo robado 
vas ahora a devolver». 

La princesa se entristece 
por su dulce flor de luz, 
cuando entonces aparece 
sonriendo el Buen Jesús. 

Y así dice: «En mis campiñas 
esa rosa le ofrecí; 
son mis flores de las niñas 
que al soñar piensan en mí». 

Viste el rey pompas brillantes, 
y luego hace desfilar 
cuatrocientos elefantes 
a la orilla de la mar. 

La princesita está bella, 
pues ya tiene el prendedor 
en que lucen, con la estrella, 
verso, perla, pluma y flor. 

* * * 

Margarita, está linda la mar, 
y el viento 
lleva esencia sutil de azahar: 
tu aliento. 

Ya que lejos de mí vas a estar, 
guarda, niña, un gentil pensamiento 
al que un día te quiso contar 
un cuento.

Imaginación

Amada imaginación, lo que más en ti es que jamás perdonas.

A. Breton, Primer Manifiesto Surrealista.