Un silencio de hojas al maullar el viento
Una madrugada de septiembre por venir
Crees que sientes, crees estar viviendo la vida que soñabas, vivirías...
Tan solo crees...
Al final, te dices, no cuesta nada creer. No existe aún, aunque no es mala idea, un banco de prestamos de sueños.
Crees aún que todos, como tu, son capaces de soñar. No sabes aún que con el gastar los pies contra el asfalto se gastan también las suelas de los sueños y que eventualmente te quedas vacío, infertil y viviendo por inercia.
No has descubierto aún que la mayoria de la gente vive así, por mecánica, porque la muerte les asusta o porque ésta se ha retrasado.
Escuchas como muchos le temen, los ves las rodillas hincadas y las manos entrelazadas, rogandole a su ser superior (del cual todo dudas) que les quite, como quien quita una piedra del camino, su finitud. Y no entiendes. No entiendes como, ingenuos, creen que su finitud es transitoria.
Tu has descubierto tu esencia, la has aceptado, quizás no del todo entendido, pero al menos caminas conciente de una muerte por venir.
Conoces lo débil de tus pisadas y caminas igual.
Conoces lo transitorio del humo con el que te llenas los labios y asientes ante tus venas latentes.
Exipiras y lo sabes.
No conoces el miedo a tu destino. Es tuyo.
Le temes, en cambio, a la eternidad y a los intentos por alcanzarla.
No es violencia la sangre, pero los rezos en templos humanos de piedra y vitrales.
Sabes que el olivo que amas y retuerce sus raíces a medida que creces, no sobrevirá. Tampoco tu lo haras.
Te detienes. Aún tienes tiempo. Y sólo observas, observas lo que otros no son capaces de ver, porque no son capaces de detenerse.
Corren despavoridos a ningún lugar. Pero no saben que finalmente sus pies no saben volar y son tan solo extenciones de su ser, inmobil, inerte y carente de espacio. Tu, no caminas y si lo haces no avanzas. El tiempo, de todas formas, no existe. Tu tampoco.
Somos, eres, ruinas circulares de fracciones pasadas y de hombres mejores. No, ni siquiera eso, porque no existieron hombres mejores, porque el tiempo no avanzó, jamás existió y así lo que somos hoy es lo que siempre fuimos y siempre seremos. No hay cambio alguno, no es posible, no en éste mundo, no en nosotros.
Esto es.
No existió nada más.
¿Te duele? No, te alivia. Caminas y no avanzas. Lo sabes. Así has querido sea.
Terminas por ser parte de un universo paralelo, inospito e inmóbil.
Suele pasarte, que por las mañana y frente al espejo no reconoces a la mujer que hace muecas e intenta definirse en un pedazo de cristal infinito y de multiples posibilidades. Te pasa creer que en el reflejo equivoco está tu identidad. Pronto entiendes que es imposible, que lo finito (tu ser) no podrá jamás reflejarse en materia alguna que ilusione a la eternidad.
Entiendes, al fin, que no hay nadie en el espejo.
¿Quién eres? Eterna la pregunta de tan infima respuesta. Insolita imagen de labios y carne al borde del abismo.
[...]
Los puntos del silencio inocuo han precedido éste desenlace.
Se me antoja decirte que no eres. No sé si me entenderás. No, no lo haces ¿verdad? No te culpo. No eres.
Sentencia y golpe contra la madera.
Y ¿por qué quieres saber quién eres? [...] No sabes.
No eres.
¿Por qué tanto fervor? No sabes.
No eres.
Te marchas esquivando la mirada. Puedo ver en tu caminar como te duele no ser o mas bien el hecho de saber que no eres. Porque jamás has sido. Eso eres.






cada segundo...
descubrir eso que te hace .. en cada paso...