Las sangres se mezclan allí donde te encuentro. En esa ciudad en donde existimos y no somos nosotros.
Allí todo confluye: el último sonido del mundo, la mirada detenida en el frenesí de la estación de tren, el primer beso a los ocho años, el padre que no regresó.
La ciudad que nos conoció se encogió de hombros en tu chaqueta de cotelé y olvidó apagar la luz.
El fotógrafo de la Plaza de Armas no estuvo para hacernos un recuerdo ni siquiera la gitana de la feria llegó para profetizarnos que seríamos polvo de estrellas.
La ciudad fue sólo calle arriba y calle abajo, nuestra. Pero ninguna llevo nuestro nombre.
Era una ciudad insomne y nosotros sus únicos habitantes.
Allí te conocí y las sangres se mezclaron para hacerse carne, la nuestra.
En esa ciudad misteriosa y trasnochada el dolor no es dolor, los besos son copas sin orillas y tú eres el último pasajero del último vagón del último tren que ya nunca más saldrá.
Yo te despido en el andén, te vas a tu ciudad, a ésa a lo que yo jamás llegaré porque me quedé varada en la ciudad en la que existimos y ya no volveremos.


Comentarios recientes
hace 1 mes
hace 2 meses
hace 4 meses
hace 4 meses
hace 4 meses
hace 6 meses
hace 6 meses
hace 7 meses
hace 7 meses
hace 7 meses